Trufa. Exactamente cuando el sol cubre las estrellas con su luminosidad, es el momento en el que mi sueño se vuelve vulnerable. Increíble sentir el despertar de las hojas.
Bajo cuidadosa mente un pie de la cama, intentando ser cautelosa, con el fin de que ella no me sienta ni me perciba, que no me huela, que no me escuche. Sin embargo, tanto silencio es en vano, que cuando se escucha el leve rechinido de la puerta, se escucha el de ella. Trato de correr de regreso, a las sábanas, cuando de pronto se escucha el rasgueo de sus garritas empujando mi puerta, ella sabe que estoy despierta. Rodea mi cama buscando el punto exacto donde aterrizar con un brinco de alegría, finjo estar aun dormida, pero ella ya lo presiente, sabe que le aguarda una sorpresa. Estando ya a tan solo a centímetros de mi, aguarda inquieta y sigilosa. ¡PACATELAS! ella atacó primero con un salto en mi abdomen (barriga o como quieran decirle), pareciera que muere por contarme sus sueños. Lentamente descubro mi cara, esperando ver la carita ansiosa. Cuando de repente es mi turno de atacar: suavemente la levanto, y la pongo pan sita arriba a un lado de mi almohada, junto a mi. Lentamente, con el sol ya alumbrando comienza a cerrar sus ojitos redondetes y saltones. Contagiándome las ganas de cerrar los míos y continuar con mi sueño, el que yacía vulnerable minutos antes, el que ya comenzaba a inventarle lo que anhelaba...
Increíble el vínculo que nos une, quien iba a decir que seríamos un click. Me dicen rarita por llamarla hijita, o por decirle mi chiquita, no es suficiente. Ella ya es parte de mi... Trufa.
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